Eran ruidosos, supuestamente rudimentarios y en cada lugar que tocaron inspiraron la creación de nuevos grupos. Este año se cumple medio siglo del disco debut de The Ramones, la banda que escribió las reglas de un género, cambiando los requisitos para formar una banda a partir de la segunda mitad de los 70.
The Ramones marcó varios puntos de quiebre: la fórmula parecía básica: aprender lo mínimo necesario de un instrumento para escribir un puñado de canciones y ejecutarlas con velocidad y furia, con una carga musical que tuvo a Iggy Pop y sus Stooges como un temprano interés común, pero también a las producciones de Phil Spector y Shadow Morton, que cuadraron orquestación, instrumentación eléctrica y vocales corales con una historia, dentro de la breve duración de la cara de un disco de vinilo simple. En 1976, el virtuosismo del rock progresivo estaba en su apogeo y para este grupo de renegados eso significó un llamado a la guerra por oposición.
Los temas de las canciones trataron sus obsesiones adolescentes, desde canciones de desamor hasta cine de terror clase B, y necesitaron poco tiempo para llegar al punto, una reacción a la era del solo de teclado eléctrico. La vestimenta de una chamarra de cuero, unos jeans y unos tenis Converse All Star contribuyeron a la sensación de “yo también puedo hacerlo”, que The Ramones indudablemente inculcó al público de diferentes continentes. El efecto contagio no necesitó de un manifiesto que lo respaldara fuera de los discos, fue creado con más práctica que teoría.

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